Un reportaje de Cantarrana




Fue en 1995. En Castuera. El 26 de agosto.

La gente de Grus, la Asociación por la Naturaleza Extremeña, llenó la Serena de rock. Por allí pasaron Los Daltónicos de Alfredo Expósito, los Apaloseko de Leandro sin Leandro, Arkada, Salto Mortal, La Ruina o Desperdicios Nasales.

Tuvimos la suerte de que todos los conciertos se grabaron gracias a Sonido Juan Ángel y se pueden seguir en Cantarrana.

Fue el Festival La Pajarraca, y la cosa iba en serio.

Más de 20 años después, en este 2017 que a punto está de irse de los almanaques, en Mérida, en pleno polígono industrial, en una nave bastante bien cuidada y adecentada para la ocasión, recordamos aquellos días del 95.

La Pájara Festival aunaba circo y música. Y allí estuvimos con las músicas.

Esperábamos una noche de punk rock. Antes apareció un dúo. A pesar de que uno de los miembros era Wichard, no le prestamos mucha atención, mireusté.

Visto, así por encima, sin entrar en detalle, nos evocan esas canciones de campamentos de verano al calor de una hoguera ecuménica.

Y es que en el fondo no nos mola mucho esa historia de buen rollito, chascarrillos y tanguillos carnavaleros que tanto pululan en modo dúo.

Nos interesaban Radio Station y Le Redtubers, y por ellos hicimos unos cuantos de kilómetros. Y para completar una noche de gloria, hubiéramos necesitado, por ejemplo, a Los Jacobos.



Radio Station está presentando por el mundo su primera grabación. Ellos se autodefinen como un proyecto de Punk Rock Melodic Hardcore con orígenes en la California Alentejana.

Lo forman Nino Barroso, en el bajo, Juanjo Sevilla, guitarra solista, Javier Valle, batería, Raúl Macarro, guitarras varias y Pedro Wichard a la voz.

Y es por ello por lo que hicimos parada y fonda en esa estación. La voz de Pedro Pérez la seguimos desde los propios Wichard, desde Gordo y, sobre todo, desde que nos dejó empequeñecidos cuando llegó su garganta a Darksound.

Aquello fue una epifanía. Deslumbrante. De una hermosura inquietantemente demoledora. Desde entonces nos hizo adictos.

Y aunque las texturas de Radio Station se encaminen hacia otros costuras y tejidos menos refinados,  la voz de Wichard siempre será la marca definitoria. Y por él pagamos los impuestos necesarios.

Así que fue un placer volver a encontrarle en un escenario. La última vez fue en Badajoz, en la Mercantil, con Darksound, y como que ya había algo de mono, de adicción.

Esperamos las nuevas entregas de Radio Station y también anhelamos la vuelta de Darksound. Así la jugada sería completa.



Y claro, luego vinieron las huestes del nuestro Leandro. Le Redtubers son como nuestros pajarracos particulares. Allá donde van, allí que estamos. Como quienes buscan con sus prismáticos y sus mega- objetivos la llegada de las grullas y las estaciones en nuestros campos.

En este caso nuestro campo es más pequeño, de menor extensión. Tan sólo un escenario de ocho por dos. Ya los hemos tenido en formatos más reducidos, pero nos da igual.

Si está nuestro punki, allá que vamos. Aunque no podemos olvidar que ya son algunos años siguiendo por lo bajini las carreras impresionantes de Borja y Ferdi, y que la herencia de Los Restos de Rulo también nos ha hecho disfrutar de lo lindo. Sin olvidarnos de Marco Santos, por supuesto.

Le Redtubers es una necesidad perentoria. Si no existieran habría que crearlos. Reposan en sus cabezas y en sus manos la herencia punkarra y underground que desde finales de los ochenta y los siguientes noventa marcaron algunos de los mejores momentos de la música de nuestro territorio. Si no te dicen nada A Palo Seko o Askerosa Koincidenzia, mejor no seguir. Si te olvidas de Armario Madriguera o, por supuesto, de los Sínkope, difícil será llegar a las esencias de Borja Duque y Ferdi Hernández.

Le Redtubers está preparando nuevo material. Poco a poco. Pero no faltaron en La Pájara su Irlanmeña o su enorme balada al Bitter Kas.

Pero tampoco faltó la ironía. Y es este camino el que entronca directamente con el espíritu bolinga del pasado de los protagonistas tuberianos. Y los saltos de Borja. Impagables. Memorables. Y que nos recuerdan que Borja Duque está en plena forma. Y nos alegra. Y nos reconforta.

El lugar, lo dicho, una nave de un polígono. Pero bien montada, bien cuidada. Sin vecinos molestos. Parece el sino que persigue a estas propuestas. Al menos hemos avanzado un poco. Ya cuentan con equipo de sonido decente, iluminación (gracias, Rubén) y ciertas comodidades. Algo es algo.

Desde aquí amenazamos. A ver si conseguimos verlos en la Aftasí alguna vez. Y con Los Jacobos, claro. Sería otra jugada completa. Una gozada.

Fue en 2017. En Mérida. El 27 de octubre.

Fue el Festival La Pájara, y la cosa iba en muy serio.

[Radio Station]



[Le Redtubers]




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Oeste. Diciembre. Veinte. 2017