Una crónica de Corredores de Ideas para Cantarrana
Mayo es el mes del renacer de los campos, de los ruiseñores y de la sutileza.
Uno recuerda la fecha exacta de cuando pisó por primera vez El fin de Parzival, la gran obra de Vostell / Dalí a modo de frente escénico deslumbrante repleta de motos sanglas.
Fue el 11 de mayo de 1996.
En abril de 1988 se había inaugurado la obra de Vostell con las motos y con el aire de la ópera wagneriana, de Parsifal.
El 21 de mayo de 2026, 30 años después, también en mayo, se presenta en la Sala Fluxus del museo Pequeña gran babel. Sobre el poder de los abrazos. Sobre la sanación.
Alicia Paredes, voz. Carmen Agúndez, violoncelo. Eduardo D. Sánchez, piano y Lourdes Germain, realización videográfica.
Y músicas de Bach, Norton Feldman, John Cage, Beethoven y de los propios Agúndez y Sánchez.
En estos 30 años de visita frecuente al museo, uno ha asistido a conciertos de música contemporánea, a exposiciones de todo tipo, a performances en el patio de los toros, a contemplar la luna llena en la terraza sobre la charca de los barruecos.
Hablando de delicadezas.
Había que ir a Valdencín. La luna estaba crecida, que decía el viejo romance.
A la capital del reino de la utopía. Allí andaba Pedro, al que llaman Wichard. Otra entrañable manía cantarranera. Ya hemos hecho algunos kilómetros para irle a ver actuar en los varios formatos con los que se luce. Y es que es La Voz.
Y nos da igual que vaya con barba poblada a lo Grizzly Adams, o con suave barbilla a lo padre amoroso. Pedro Wichard se ha enrolado recientemente en Whatever, o lo que sea. Y le da al bajo y a la voz, claro.
Acaban de grabar un gran disco de la mano de Borja Duque. Cumbia, Guateke, Forever. Y contiene algunos temas deslumbrantes arropados con brillantes juegos vocales. Y tenía dos razones para irlos a ver a Valdencín. Ver siempre en el escenario a P. W. es trasunto placentero para los oídos, y escuchar lo nuevo de Whatever provocaba cierta duda.
¿Habrán podido defender en directo esos momentos cantarines con sus juegos corales?
Pues sí. Fue un gran concierto. En un gran escenario. Y los Jare, César y cía parecían estar muy a gusto.
Y tuvieron el hermoso detalle de regalarme su disco, con su cajita de cartón a modo pack premium, a modo de pequeña caja de caudales.
El Espacio Utopía es, junto al Off Cultura de Badajoz, la mejor sala de conciertos que tenemos en Extremadura.
Y está en una pequeña pedanía de donde Torrejoncillo.
En la otra punta de la Isla Imaginaria que recorre La Jaimita y llega hasta el Alagón, al antiguo cine de Valdencín.
Y por estas cosas de la vida, Samu, el alma de la sala, ha llamado al lugar el Espacio Utopía.
Y luego llegaron La Telaraña. Punk desde el Valle del Jerte. Muy de La Abadía.
Javi, a la batería y coros. Richard, Batallón Obrero y Yervagüena, a la guitarra y voces. Jorge, guitarra y voces y Rober, bajo y voz principal. Todo esto después de haberse repartido los instrumentos, según ellos mismos cuentan.
Llevan poco tiempo como banda. Pero suenan muy bien. Vamos, que te atrapan. Un gran concierto en toda regla. Autogestión, espíritu maquetero, auxilio mutuo. Los tuvimos hace pocos días en la radio. Y son para seguirlos. Esperamos que vayan creando nuevos temas, porque son necesarios.
Y mientras uno iba abandonando la sala, junto a Juan, iba recordando la infancia pasada en otro cine, en el que se crió. En otro pueblo de colonos. Ese cine tampoco existe ya. Ahora es un estudio museo repleto de morrillos. En el que se hace música en pleno gabinete de curiosidades.
Y nos despedimos de la Isla Imaginaria, la que se extiende entre el polígono industrial de Plasencia y la plaza de Valdencín.
Habrá que volver a Valdencín. Cuando la luna ande crecida, que decía el viejo romance.
• • • Proyecto Cantarrana
Oeste. 24 de mayo de 2026.