Un reportaje de Cantarrana



Los músicos fueron nosotros. Con la voz y la guitarra de Julio César Fuentes anduvieron Elena Domínguez, con el violonchelo y las voces, y Marta Arrabal con la trompeta, y Patricia Pérez, con el ukelele y las voces, también. Paco Mazuecos con el trombón. Abraham Benítez, con los teclados, la guitarra y las voces. Rubén Rubio, con el contrabajo y el bajo eléctrico. Y, por supuesto, Marcos Liviano, con la batería y algunas cosas más.

El disco se grabó a finales del pasado 2017 en Collado Villalba, en esas ásperas tierras castellanas, pero contiene once temas que puedes ver y puedes escuchar y sentir, porque este disco, en cualquiera de sus formatos, es un florilegio de colores. Te atrapa desde el primer tema hasta el último y te lleva hasta una pequeña sinfonía multisonora.

Niño Índigo ya visitó las canciones de Introspectiva en su disco homónimo publicado en 2017. Era la edición matriz de un trabajo delicioso.

Ahora llegan las versiones en directo de una serie maravillosa. Concebida de una manera exquisita, con un cuidado repleto de detalles, y arropado por grandes intérpretes que hacen de este Introspectiva Live Session el gran disco extremeño de 2018.

Todo es sensibilidad en esta sesión que, sin duda, pasará a la historia de la música popular creada a este lado del Oeste.

Una sesión en la que todos los que participaron en ella parecían estar en estado de gracia y que, a buen seguro, guardarán en sus retinas. Porque es para recordar. Para presumir.

No es sólo la producción que firma Marcos Liviano, que parece que no está, que pasa desapercibido y que no se nota su mano, pero que la hace monumental.

Es también los vientos delicados y hasta el ukelele, del que tantas veces despotricamos, y hasta el chelo que nos traslada a la belleza primaveral.

¡Cuántos fantásticos momentos encontramos en Atravesando el tiempo o Mariposas en la habitación, I can Beat, Un nuevo tiempo o la propia Introspectiva! Y podríamos seguir y nombrar los onces temas del disco.

Ya contamos que Niño Índigo nos encandiló ya hace unos años con una sutil versión suavemente electrónica de Quién fuera viento, y desde entonces se convirtió en uno de nuestros músicos de cabecera para los sábados por la tarde y los domingos por la mañana, y hasta los lunes de madrugada. Y que por ver a Niño Índigo hemos hecho algunos kilómetros y hemos cambiado hasta el horario de siesta.

Detrás de las anécdotas que fraguan su memoria vital, aquel concierto de Dire Straits en Cáceres, aquellos ratos de Queen, la guitarra de Springsteen, las pelis, lo que subyace en el fondo, parece que es, en fin, el descubrimiento del amor, el rastro de un nuevo tiempo, del consuelo y del aferrarse al deseo. De la Memorabilia.

Introspectiva propone retratos de pequeñas historias. Un dibujo de una extensa geografía que te reconforta, que te devuelve a los años de las cigüeñas y las golondrinas.

Y este disco no lo puedes encontrar en las estanterías de los centros comerciales. Nada más lejos. Para conseguirlo deberás entrar en la página de Niño Índigo. Y recibirás un amable correo del artista. En versión vídeo y en su lado audio. Mano a mano. Rato a rato. En modo introspectivo. He dejado de ignorarme. Es tiempo de las aguas tranquilas. El tiempo de los hombres que se atreven a encontrarse. Y que callen los dioses.

PD. El tema que da título al proyecto no aparecía en el disco matriz. Su interpretación es sublime. Lo puedes poner en bucle y perderte en los atardeceres de la Sierra de Gata, conduciendo tu coche. Acariciando tus manos con el viento del norte.


[Niño Índigo]




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Oeste. Abril. Veinticinco. 2018.