Una crónica de Corredores de Ideas para Cantarrana
Cuando uno tenía 10 años o poco más, e iba con mis padres de tiendas a Badajoz, primero entrábamos en Las Tres Campanas, y de allí, uno salía con un montón de indios con los que pasaba las horas muertas de la siesta.
Luego, a La Giralda para que mi madre comprara hilos y costura.
Al fondo de la tienda, por encima de nuestras cabezas, se desplegaban cinco grandes lienzos.
Puro simbolismo decadente. Puro exotismo oriental. Alegorías sobre el amor, la tentación, el pecado y la muerte.
Cinco mujeres de elegancia sofisticada y seductora. Cleopatra, Haru-Ko, Carmen, la reina de Saba y Venus.
Los lienzos eran de Antonio Juez. El pintor pacense del decadente cambio de siglo.
Del hermosísimo lienzo de Carmen, ante la Giralda de fondo, y las palmeras de los jardines del MEIAC, saltaba, pizpireta, Elia Maqueda, Ruiseñora. Y atravesaba el cuadro y el marco. Como odalisca seductora. Como dulce gitana fiera. Como musa de fin de siglo. Fina estampa.
Y desplegaba su mantón de Manila, mientras enamoraba a Atilio, el cabo inexperto, transfigurado en Antonio Juez, con su patilla de bandolero contrabandista y deje guanche, que iba dibujando los acordes de su silueta revestida de compases electrónicos y profundos, y guitarra a lo taberna de la Plaza Alta.
Hoy, los cinco lienzos se guardan en otro museo, en el MUBA. Junto a buena parte de la obra de Juez, como uno de los grandes tesoros de la ciudad. La mercería de La Giralda hace años que dejó de existir. Sólo se abre en La Noche en Blanco. Las Tres Campanas es ahora un bar para muy pijos. Sigue siendo elegantísimo, como de otra época. A veces se echa de menos a los indios.
Las canciones que crea Atilio, las que, de manera exquisita, entona y canta Elia, nos recuerdan que hubo un tiempo para la memoria sentimental, para el pop que desplegaba otra pizpireta pacense ilustre, Manuela Pulgarín González, Rosa Morena. La princesa de las corralas y de la Puerta de Palmas.
Los jardines del MEIAC crean un pequeño paraíso perdido para los picnics junto a sus palmeras, mientras la música resuena.
Atrás quedaron los muros carcelarios y las pesadillas de los presos, cuya única lucha, causa y pecado fue el del amor libre.
El gran panóptico que lo preside nos recuerda que dentro se esconde una fantástica colección de arte contemporáneo.
Y también nos recuerda que un día esas rejas fueron escenario de una noche de La Fura dels Baus. Una noche que ya ha pasado a la historia. En el exterior, alguna gran pieza de Ángel Duarte.
Aquí, el nuevo disco de Ruiseñora. Aurora.
Por cierto, nos dice Cati que ya hace tiempo que se pueden hacer fotos en el interior del recinto.
Aquí, el videorreportaje de Juan Sánchez Vinagre para Cantarrana.
Aquí, el banco de collages creados por Juan Sánchez Vinagre.
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Oeste. 16 de junio de 2026.